Introducción
El combate ocurrido el 4 de mayo de 1862, que tuvo por escenario ciertos puntos del entorno de la ciudad de Atlixco, dio a ésta última la posibilidad de aportar una fecha significativa al calendario cívico local. Con la rememoración de esta fecha, resultado de un largo proceso de recuperación, los atlixcenses han encontrado un elemento que fortalece su historia y su cultura propia. Asimismo, este acontecimiento bélico le permite vincularse a los hechos que contribuyeron a la conformación de la identidad e independencia nacional.
El propósito de este trabajo es ofrecer una síntesis de los pormenores de lo acontecido en las inmediaciones de Atlixco el 4 de mayo de 1862, con base en fuentes secundarias, en las que diversos autores como Miguel Galindo y Galindo, Salazar Monroy, Miguel A Sánchez Lamego, Gabriel Cuevas, Mercedes Meade de Angulo, Gonzalo Obregón y Pedro Ángel Palou Pérez, coinciden en señalar la relevancia de este episodio militar, coadyuvante para el triunfo de las armas nacionales, en los fuertes de Loreto y Guadalupe.
El texto comprende los siguientes apartados: en primer término un breve panorama de la problemática que motivó la injerencia francesa; a continuación damos cuenta de la situación que en esos días prevalecía en la localidad de Atlixco; posteriormente, nos ocupamos de lo que constituye nuestro tema principal, esto es, la descripción del combate del 4 de mayo en Atlixco; finalmente, previo a la exposición de las conclusiones, recuperamos algunos aspectos relacionados con la conmemoración cívica de esta fecha en Atlixco.
La suspensión de pagos y la intervención francesa
Luego de la consumación de la Independencia Nacional y la Revolución de Ayutla, se dio una larga lucha entre los partidos Liberal y Conservador; mientras unos se pronunciaban por un México republicano, federal y popular; los conservadores, en cambio, aducían que sólo mediante un sistema monárquico, la nación saldría adelante.
Momento decisivo en este contexto fue el triunfo de los liberales en la Guerra de Reforma y la promulgación de la Constitución de 1857; no obstante el país vivió una situación de desequilibrios debido a continuas inconformidades, elecciones y desafueros, a la que se sumaba la falta de recursos, situación que dio lugar para que los conservadores comprometieran al país con intereses extranjeros.
Como es sabido, Juárez decretó una moratoria sobre la deuda pública del país, provocando que los reaccionarios mexicanos que se encontraban en París, consiguieran el respaldo del emperador francés Napoleón III para su proyecto de monarquía, acuerdo que se concretó en la Convención de Londres.
La estrategia adoptada por los gobiernos aliados consistió en presionar a las autoridades de nuestro país con el bloqueo de los puertos mexicanos del Golfo, dando lugar a los Preliminares de la Soledad, documento en que los representantes de Inglaterra, España y Francia convinieron en aceptar nuevos términos de pago. Sin embargo, el Conde Alphonse Dubois de Saligny, representante de Francia, estaba decidido a llevar adelante el plan intervencionista, mientras que los jefes, de la flota inglesa Charles Wyke y de la española Gral. Juan Prim, reconociendo lo injusto y agresivo de sus pretensiones, decidieron hacerse a la mar de regreso a sus países.
Atlixco en vísperas de la presencia francesa
Las favorables condiciones agroecológicas de la antigua Villa de Carrión, contribuyeron para que su economía se basara principalmente en las actividades agrícolas, administradas por empresarios que disponían de importantes latifundios.
Es posible afirmar que en esta época Atlixco se encontraba, al igual que otras regiones del país, bajo un clima de inestabilidad política ocasionado por la disputa de los partidos liberal y conservador, así como de inseguridad, debida a las frecuentes incursiones de gavillas de bandoleros dedicadas al secuestro de personas acomodadas por las que exigían sumas de dinero por su liberación.
Los detalles del acontecer en Atlixco en los días anteriores al 4 de mayo se deben a Lorenzo Ramírez testigo presencial de dichos acontecimientos, información que fue dedicada al señor Miguel Galindo y Galindo, redactor del periódico oficial del estado de Puebla. Dichas vivencias constituyen una interesante y detallada narración de ese tiempo, por cierto un tanto confusa [a].
Ante la inevitable invasión francesa, apunta Ramírez, el gobierno constitucional lanzó un manifiesto a los mexicanos apelando a su patriotismo, dicha ley fue sumamente enérgica respecto del comportamiento ciudadano hacia el enemigo invasor, ya que establecía entre otros señalamientos: impedir el tránsito del enemigo, abandonar las localidades ante su aproximación, no tratar con él ni venderle comestibles etc., so pena de ser considerados traidores y castigarlos con la pena capital.
Estas medidas produjeron gran tensión en el solar atliscense debido a las consecuencias para sus heredades, a esta preocupación se sumaban contribuciones impuestas en esa época, como las de la famosa circular Doblado que establecía que la caja del ejército eran los bienes de los particulares y esto se cumplía en el distrito de Atlixco como en todo el estado; así como pagos llamados de fortificación que estipulaban dos reales semanarios por no servir en la Guardia Nacional, obligados a todo habitante desde la edad de 15 años. De la misma manera contemplaba préstamos forzosos impuestos por los Comandantes de cualquier fuerza militar en tránsito, además de no oponerse a que se llevaran reses, carneros, semillas y pastura para el Ejército de Oriente. Al frente de esta situación se encontraba como jefe político el señor Pérez Gallardo.
Atlixco vivía momentos de gran tensión en virtud de su cercanía a Izúcar de Matamoros, debido a que existía información de que en ésta última habrían de concentrarse importantes grupos reaccionarios encabezados por Cobos. Ante esto, el General Miguel Cástulo Alatriste, al frente de las fuerzas del gobierno, recibió instrucciones de impedir dicho movimiento, pero consciente de la inferioridad numérica de sus hombres toma el camino hacia a Atlixco; habiendo avanzado apenas cinco leguas, recibe la noticia de que el Gral. José María Cobos atacaba precisamente la tropa guarecida en el fuerte de Santo Domingo, a las órdenes de Carrillo y del jefe político Prieto. A pesar de carecer de los efectivos necesarios para auxiliarlos, Alatriste y su gente se sitúan en el paraje conocido como El Calvario, cerro de regulares dimensiones ubicado en las orillas de Izúcar. Finalmente, después de resistir durante cuatro horas es hecho prisionero la mañana del 10 de abril, siendo fusilado al día siguiente.
Las noticias del desafortunado suceso llegaron a la colectividad de Atlixco el 11 de Abril con información no muy verídica, pues los soldados dispersos adulteraban la información de dicho acontecer, por ello un buen número de familias decidió mudarse de residencia y otros se sumaron a la sombra de la bandera Francesa enarbolada en la casa del comerciante Monsieur Dartigues, situada en la calle principal conocida como Empedrada.
El gobierno de Puebla, enterado por el jefe político Castaño de los sucesos ocurridos, da órdenes de abandonar la plaza tan luego como aparezca el enemigo. Sin embargo, al aumentar el número de dispersos en el curso del día, la Autoridad cierra la cárcel y con las pocas fuerzas forma una guarnición de 80 hombres integrada por miembros del Ayuntamiento, empleados de Hacienda y personas del partido dominante, y marcha a Puebla. Al enterarse el vecindario de lo acontecido, se decidió efectuar una reunión en la que nombraron a Don José María Rangel como jefe político.
Ese mismo día Rangel, luego de tomar protesta como primera autoridad provisional reunió al vecindario en la sala principal del edificio municipal, donde fueron acordadas medidas de seguridad general: juntar armas de fuego para armar a los veladores y que cada vecino tuviese en su azotea una persona que durante la noche diera la voz de alerta ante la presencia del enemigo, lo de las armas para los veladores era porque en el colmo de los hechos el jefe político General Máximo Castaños se las había llevado en su huída.
El 13 de abril, domingo de ramos, se presentó en el palacio municipal don Pedro Azcué, quien había sido juez de primera instancia y en ese momento exigía las llaves del edificio como jefe político aduciendo haber sido nombrado por el Gobernador de Puebla. Por la tarde de ese día Ignacio Rodríguez, joven atlixquense valiente y audaz que luchó en la Guerra de los Tres años en contra de la reacción, conocido por el mote de “El Mosco”, entró por la garita de Matamoros a esta ciudad con el objeto de tranquilizar a la población y servir de apoyo a las nuevas autoridades, trayendo precisamente la noticia de la aproximación del enemigo, provocando con ello la retirada de las autoridades recién nombradas, las que aún no habían recibido las llaves que exigían y no habían desensillado sus caballos en los que huyeron hasta la capital de Puebla, causando incendios en las sementeras circunvecinas y en los pastizales, escondiendo las semillas de las trojes y saqueando las tendajones para desaparecer así los recursos al enemigo, siguiendo el mandato del gobierno republicano.
La noticia de “El Mosco” había sido equivocada ya que la avanzada que había avistado era una sección de 200 caballos a las órdenes del coronel Arévalo que al llegar a la población localizó al señor Rangel, jefe político provisional a quien exigió un préstamo de 5 mil pesos, según asignaciones que de antemano tenía hechas y que Rangel tuvo que hacer efectivo; ese mismo día montaron violentamente y abandonaron el lugar.
Debido a un mal entendido del vigía que se encontraba en la cúspide del cerro de San Miguel, al avistar por el camino de San Juan Tianguismanalco un numeroso ganado, envió aviso a Arévalo informándolo de que se acercaba una partida enemiga, por ello el jefe militar regresando tomó cuartel y permaneció en esta plaza hasta el 14 de Abril, llevándose fuerte suma de dinero, producto del préstamo que había hecho efectivo.
Para el 16 arribaron aquí los jefes y oficiales hechos prisioneros en Izúcar en la rendición del fuerte de Santo Domingo, ellos empeñando su palabra de honor de no hacer armas contra la reacción fueron liberados y escoltados hasta las goteras de Atlixco, comunicando que el general Juan Almonte reaccionario había sido nombrado Jefe Supremo de la Nación.
Dos días después -18 de abril- el Teniente Coronel Francisco Morales Clavijero hizo presencia aquí como jefe político del lugar, sin traer fuerza militar que lo apoyara en su gobierno; aun sin ello tomó posesión del cargo el 19 retirándose entonces el señor Rangel de su breve encomienda provisional.
A partir de entonces la situación fue aún más caótica ya que alarmas sin consistencia producían terror en los pobladores, las noticias de ser invadido el lugar eran constantes.
El día 22 los rumores aseguraban que una fuerte columna de caballería se encontraba ya ocupando Tochimilco y se preparaba para llegar aquí; en la noche del mismo día, “El Mosco” que pretextaba estar siempre en vista de ojos, encontrándose en la esquina de la fabrica de hilados la Concepción hizo descarga de tiros sobre avanzadas enemigas que venían por la calle de Huaquechula, luego de ello se fue a los cerros de Xalpatlaco, su refugio ordinario. Lo que había avistado “El Mosco” era de hecho una avanzada de las fuerzas reaccionarias al mando del General Domingo Herrán, que llegó siguiendo por la calle de San Francisco con una columna grande de caballería y mil cuatrocientos hombres que ocuparon la ciudad; Morales Clavijero, nombrado jefe por el gobierno, había huido y nuevamente el señor Rangel se vio precisado a recibirlo.
Recién llegado Herrán ordenó aprehender a don Manuel Cabrera, quien había sido denunciado como la persona que al frente de los obreros de la fábrica de hilados la Concepción había hecho fuego sobre las fuerzas conservadoras. Luego de varias averiguaciones sobre los hechos el señor Cabrera fue puesto en libertad.
El grupo reaccionario bajo la dirección de Herrán se mostraba muy activo aprovechando los elementos que el Distrito ofrecía, imponiendo un préstamo obligado de 20 mil pesos en tiempo perentorio de 24 horas; desde Tochimilco se había elegido a las personas pudientes y los medios violentos para obtener el préstamo.
Ocurrió entonces que el 23 de abril por la noche fue sorprendido y apresado un correo del gobierno portador de comunicaciones interesantes de corte privado de Puebla. La información interceptada propició que dicha división reaccionaria, a la que se había incorporado una fuerza de 400 hombres, se pusiera en movimiento y se marchara de madrugada en dirección de Matamoros, situándose en el pueblo de la Trinidad Tepango, llevando con ellos el dinero recaudado.
La noticia interceptada de la llegada del general O`Horán, con una división de dos mil hombres que darían la batalla en forma tenaz a los grupos reaccionarios, prevenía a Rangel para disponer raciones y cuarteles para la infantería.
Al paso de dos días, el 25 de abril, nuevamente la plaza de Atlixco fue ocupada por una fuerza de 400 hombres a la que se sumaron diversas facciones hasta completar tres mil caballos, Herrán comandaba dichas fuerzas. Su tropa se introducía a las casas y fincas en busca de caballos y armas; de las haciendas y pueblos inmediatos tomaban caballos, armas y lo que encontraban desde luego mulas y burros; a la vez tomaban hombres de leva, tanto en los caminos como en la población; de las haciendas se llevaban cuadrillas enteras de peones para después canjearlos por rescate. Herrán en ocasiones exigía cierta cantidad por un peón y armas y no devolvía ni lo uno ni lo otro.
En los montes del Popocatépetl, Herrán exigía a los indios carboneros proporcionarle carbón de fragua y cuando lo entregaban, además de no recibir paga, perdían su libertad porque los hacia reclutas de la fuerza reaccionaria. Herreros y carpinteros eran obligados a componer armas y de la fábrica textil La Concepción extraía tercios de manta con la que mujeres y sastres hacían camisas y calzoncillos para la tropa.
El General José María Cobos como jefe del ejército conservador, llegaba ocasionalmente a visitar dicha brigada dando las disposiciones convenientes, retornando a su cuartel general en Matamoros. En ese estado de cosas, el día 26 al toque de clarín los cuerpos montados formaron en la plaza de armas un cuadro inmenso, Cobos había llegado al amanecer y casi de inmediato decidió retirarse a su cuartel en Izúcar. La tropa permaneció formada hasta las 3 de la tarde hora en que formando una gran columna se fue rumbo a Matamoros.
El día 27 en la Hacienda de la Ánimas, la avanzada de la fuerte división de O’Horán, comandada por el General Antonio Carbajal, se enfrentó y dispersó al grupo llamado “exploradores del valle” que jefaturaba una señora a la que llamaban Bartolita, la que en apego a sus creencias políticas y religiosas sostenía con su peculio dicho batallón en apoyo al General Miramón y Leonardo Márquez.
Márquez llegó a Atlixco a fines de abril para hablar con Herrán e informarle de la proclamación de Almonte como jefe supremo de la nación y que éste lo había nombrado como General en jefe del ejército conservador; luego salió hacia Tehuacan para reunirse con las fuerzas invasoras.
En este contexto, afirma Palou: “Leonardo Márquez se entrevistó con Lorencez y al parecer acordaron que mientras los zuavos avanzaban por el Camino Nacional –en marcha concéntrica-, Márquez con sus elementos lo haría por Izúcar y Atlixco. Así ocuparían Puebla, el único obstáculo aparente que veían, con un triunfo rotundo, definitivo y sin escapatoria posible.
Márquez y Cobo reunieron 7 mil hombres, amenazando la retaguardia del Ejército de Oriente, viniendo desde Izúcar. Preocupaba la habilidad de Márquez y sus conocimientos del terreno. Zaragoza destacó al general Antonio Carbajal con una columna de tropas irregulares para detener el avance” [b]
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El combate del 4 de mayo de 1862
Sobre los acontecimientos ocurridos en Atlixco, en vísperas del suceso victorioso del 5 de mayo, se tienen evidencias documentales significativas tanto en informes militares como en fuentes bibliográficas de carácter secundario, en donde es notoria la participación de los Generales Tomás O’Horan y Antonio Carbajal [1].
Como lo indica el General Zaragoza, en el parte fechado el 4 de mayo en Puebla, donde informa al General Santiago Tapia, Gobernador y Comandante militar de dicho Estado, que O’Horán fue destacado para perseguir a los traidores de Izúcar de Matamoros quienes tenían fuertes avanzadas hasta Atlixco. Notificando éste en un lacónico informe del mismo día que topó con el enemigo en las inmediaciones de Cholula, donde se encontraba un destacamento de 500 caballos los que se retiraron al avistarlos. Precisa que en el “Puente de los Molinos” le presentaron cierta resistencia, redoblada en la periferia de Atlixco. No obstante, los simpatizantes de las fuerzas de Márquez fueron expulsados de ambos puntos, siendo acosados y dispersados por la fuerza de su caballería. “A las 6 de la tarde ocupé esta ciudad”, concluye el parte [2].
Esto se confirma en el comunicado que el Gral. Ignacio Zaragoza remite al C. Presidente de la República en la mañana del 5 de mayo: el Gral. O’Horan batió el día anterior en Atlixco a 1200 reaccionarios, quienes abandonaron la población luego de alguna resistencia. Al parecer el resto de las chusmas reaccionarias se hallan en Matamoros preparando su marcha para este rumbo [3].
En el artículo correspondiente a Puebla, de la Enciclopedia de México, se ratifica el triunfo del Gral. O’Horan sobre los conservadores Leonardo Márquez y José María Cobos cerca de Atlixco, quienes pretendían apoyar al ejército francés en el ataque a Puebla [4].
Galindo y Galindo, en La Gran Década Nacional, cita el extenso informe militar del Gral. Ignacio Zaragoza al C. Presidente Benito Juárez fechado el 9 de mayo, donde concluye señalando: “Indicaré a vd. por último, que al mismo tiempo de estar preparando la defensa del honor nacional, tuve la necesidad de mandar a las brigadas O’Horán y Carbajal a batir a los facciosos que en número considerable se hallaban en Atlixco y Matamoros, cuya circunstancia acaso libró al enemigo extranjero de una derrota completa, y al pequeño cuerpo de ejército de oriente de una victoria que habría inmortalizado su nombre” [5].
El Gral. Antonio Carbajal, a la cabeza de una columna de tropas irregulares, fue destacado para detener al ejército conservador que al mando del Gral. Leonardo Márquez se dirigía hacia Puebla. Carbajal ocupó el casco de la Hacienda La Trapera y un Molino en las cercanías de Atlixco. En la madrugada del 4 de mayo se inició la batalla cuyo triunfo hizo posible la victoria del 5 de mayo, al evitar que los conservadores se unieran a los franceses y los ayudaran a tomar esa ciudad [6].
Es preciso comentar que al profundizar sobre las particularidades de esta epopeya me encontré con ciertas divergencias al respecto, entre las que destacan los sucesos ocurridos en Los Molinos y en los terrenos de la hacienda La Trapera, tal como referimos a continuación.
Así, por ejemplo, el historiador y militar Miguel A. Sánchez Lamego, quien tiene en su haber la producción de más de una decena de publicaciones, ofrece una relación que a su parecer es fidedigna y rigurosa sobre los acontecimientos en el texto titulado El combate en Atlixco del 4 de mayo de 1862, del que nos interesa retomar algunos aspectos significativos [7].
Habiendo llegado a Puebla el General Zaragoza de la población de Orizaba el 3 de mayo, se entera por informes de los generales Francisco Lamadrid, Antonio Alvarez y Tomás O’Horán, que el general Márquez aún no había logrado reunirse con los invasores, localizándose en la zona de Izúcar de Matamoros.
Con el propósito de evitar que las tropas de Márquez reforzaran al ejército expedicionario francés, Zaragoza giró instrucciones para que el General O’Horan con una parte de su tropa integrada por 850 individuos de caballería, artillería e infantería, se trasladara a la villa de Atlixco.
La columna de O’Horán partió de la Angelópolis al amanecer, siguiendo el camino real de aquél entonces, mismo que pasaba por los pueblos de Cholula y San Gregorio Atzompa así como por los ranchos de Santa Ana Acozautla y de los Molinos. Poco antes del medio día, las tropas republicanas llegaban al pueblo de Atzompa, donde se encontraron con unos 500 jinetes reaccionarios que el general Márquez había mandado hacia Cholula, lo que provocó un breve intercambio de fusilería entre ambos contrincantes; al final, ante el despliegue ofensivo de los republicanos, el enemigo emprendió la retirada rumbo al pueblo de Atlixco, a fin de reunirse con el grueso de su fuerza. Durante su fuga fueron acosados por el general Carbajal y sus hombres a caballo, bajo la conducción del multicitado General O’Horán.
Más tarde, en Los Molinos tiene lugar uno de los eventos clave de la jornada del 4 de mayo. En el puente que cruzaba la barranca donde corre el río de Los Molinos, cercano al rancho del mismo nombre, los reaccionarios se posesionaron de dicho puente con el propósito de impedir el avance de los republicanos, sin embargo, éstos al rodearlos propiciaron su retroceso hacia Atlixco. El parte de O’Horán, publicado en El Monitor Republicano el 9 de mayo de 1862, dice al respecto:
“En el puente de los Molinos nos hizo alguna resistencia y a orillas de la ciudad la redobló; de estos puntos fue desalojado y perseguido por la caballería que personalmente conduje; terminó por retirarse en dispersión”.
Sánchez Lamego agrega que esta operación fue acompañada por los gritos victoriosos de “Viva México” y “Mueran los traidores”, los conservadores fueron obligados a retirarse para el rumbo de Izúcar con toda su fuerza, dejando abandonadas en Atlixco unas piezas de artillería y otros pertrechos.
De acuerdo con el parte anteriormente mencionado, O’Horán señala: “Las pérdidas que he tenido son 3 muertos y algunos heridos. A las 6 de la tarde ocupé esta ciudad que, por las noticias que he adquirido, estaba ocupada por un grueso de mil doscientos hombres montados, esperando hoy la incorporación de la Infantería y resto de sus fuerzas de Matamoros”.
Es importante mencionar que el propio Sánchez Lamego subraya que su versión está basada en datos oficiales, motivo por el cual desacredita el relato sobre este mismo acontecimiento que ha sido transmitido por tradición oral. Asimismo, su trabajo busca reivindicar la figura del Gral. Tomás O’Horán, quien a fines de 1864, después de estimar que el avance y consolidación del ejército invasor significaba la derrota inminente de la causa liberal, decide entonces incorporarse a las filas del ejército imperial; situación por la que O’Horán no solamente fue catalogado como traidor, sino que esto mismo trajo consigo la disminución de su liderazgo.
Consecuente con este planteamiento, Sánchez Lamego concluye en forma contundente: “…el militar republicano que mandó en jefe esta memorable acción del 4 de mayo de 1862 no fue el general Antonio Carbajal, como lo aseguran algunas personas, sino que lo fue el general Tomás O’Horán, como lo atestigua el parte transcrito en párrafos anteriores.”
A decir de otra fuente, La Gloria de Atlixco 4 de mayo de 1862 [8], cuyo autor es el Coronel Gabriel Cuevas, quien redacta su texto en 1937, se afirma que ante el peligro que representaban las fuerzas reaccionarias de Márquez al sur del estado de Puebla, el General Ignacio Zaragoza, sin pérdida de tiempo ordena a los Generales Tomás O´Horán, Cuartel Maestre, y Antonio Carbajal, General en Jefe, perseguir a los traidores que tenían fuerte avanzada hacia Atlixco.
Las fuerzas bajo su mando estaban conformadas por el Mayor General Cosme Varela al frente de tropas de infantería y las irregulares; caballería regular y lanceros de Iturbide a las órdenes del Coronel Porfirio García León; lanceros de Morelia a cargo del Coronel Antonio Ruíz Carrillo, ambos cuerpos de 300 hombres cada uno; caballería irregular y fuerzas del General Ignacio Cuéllar; la columna de tropas irregulares en su mayor parte tenía un total de 3000 hombres.
Su relato sitúa el encuentro bélico entre Carbajal y las fuerzas reaccionarias de Leonardo Márquez en la hacienda La Trapera, lugar cercano a un camino que comunicaba con Izúcar de Matamoros, y próximo al sitio en que posteriormente estuvo la fábrica textil El Volcán. El General Carbajal, con gran tino, dispuso a buena parte de su infantería dentro de las casas y al resto agazapada en los cañaverales que crecían a lo largo de la cañada en la que corre el río Cantarranas, ubicando la caballería a los costados y resguardando la posición con la artillería conformada por 3 o 4 piezas de montaña.
Según Cuevas, el rechazo a los reaccionarios de Márquez inicia a las 3 horas del día cuatro de mayo, si bien el punto crítico ocurre cerca de las 8 de la mañana, al intensificarse el avance de los de Márquez. Aunque la relación del desarrollo del combate es un tanto imprecisa, se entiende que a pesar de la superioridad numérica de los atacantes y su impetuoso avance a lo largo de la cañada, en un momento determinado quedaron en una posición vulnerable, a merced de la infantería y la caballería de Carbajal, oculta entre los cañaverales.
Cuando ya era cerca de medio día, las diezmadas tropas de Márquez huían dispersas en múltiples grupos, buscando refugio en los pueblos aledaños de Tepeojuma, Tochimilco en las faldas del Popocatépetl y en la hacienda de Tatetla; mientras que otros muchos fueron perseguidos y ultimados por integrantes de la caballería de las fuerzas de Carbajal, quedando algunos prisioneros y tres o cuatro piezas de artillería abandonadas por los fugitivos.
Concluye Cuevas que con el descalabro de los contingentes de Márquez, se canceló la posibilidad de que el Ejército invasor, comandado por el Gral. Laurencez, obtuviera los refuerzos acordados con los conservadores, favoreciendo así el triunfo de las fuerzas republicanas.
Lo cierto es que la jornada militar de La Trapera y el protagonismo que en la misma tuvo Carbajal, no se encuentran registrados en los partes de guerra citados en la bibliografía consultada, por lo tanto se desconocen las fuentes documentales de que se haya servido el Coronel Cuevas para su narración sobre el evento que estamos tratando. En consecuencia, persiste la duda razonable acerca de la procedencia de la información que da contenido al texto de Cuevas, ya que él mismo parece no descartar que ésta proviene de fuentes orales, aportadas por los relatos de testigos presenciales como el padre del Sr. Espiridión Díaz Solís, sub-inspector de Monumentos Artísticos e históricos, y el de un vecino distinguido de origen francés, el Sr. Emilio Maurer Senior.
[a] Galindo y Galindo, Miguel, La Gran Década Nacional 1857-1867, T. II Obras Fundamentales Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana/ Gobierno del Estado de Puebla. Puebla, 1987. pp. 283-290.
Obregón, Gonzalo, Atlixco La ciudad y sus monumentos, Instituto Nacional de Antropología e Historia. México 1981 pp. 53-63.
[b] Palou Pérez, Pedro Ángel, 5 de mayo: 1862, Edición bilingüe. Gobierno del Estado de Puebla. México 2002 p. 34.
[1] Dada la importancia de estos personajes, a continuación ofrecemos algunos datos biográficos de ambos Generales, basados en el Diccionario Porrúa de Historia, Biografía y Geografía de México y en el trabajo Monográfico de Mercedes Meade sobre Apetatitlán, Tlaxcala, citados en la bibliografía.
Tomás O’Horán y Escudero (1819-1867), nació en Guatemala; hijo de Tomás O’Horán y Argüello. Muy pequeño llegó a Yucatán, iniciándose pronto en la carrera militar. Luchó en defensa de México en la Guerra de Texas, contra los franceses en 1838, y nuevamente contra los norteamericanos en 1847.
Apegado a la causa liberal, luchó a las órdenes del Gral. Ignacio de la Llave, primero combate contra la Intervención, pero más tarde se adhiere al Imperio de Maximiliano. Ocupó la Comandancia de la Capital cuando la sitió el Gral. Díaz. O’Horán se ocultó en la Hacienda de San Nicolás el Grande. Al ser aprehendido se le juzgó por un consejo de guerra y fue sentenciado a muerte el 19 de agosto de 1867, y aunque el propio Gral. Díaz pidió su indulto, éste no fue concedido.
Antonio Carbajal Guarnero (1811-1872), hijo de padres españoles, nació en Apetatitlán, Tlaxcala el 9 de abril de 1811. Dedicado a la carrera de las armas, como liberal participó en el Plan de Ayutla y en la Guerra de Reforma. En 1859 Carbajal al frente de su ejército llamado “Blusas Rojas” atacó a los conservadores en forma continua estableciendo su cuartel general en la fortaleza de Cerro Blanco que dominaba Tlaxcala. En 1860 fue ascendido al grado de General por el presidente Benito Juárez, en ese mismo año derrotó al General conservador Leonardo Márquez en Tepatitlán Jalisco. A finales de 1860, en Río Frío capturó a varios Generales conservadores. Fue combatiente destacado en contra de la intervención francesa, siendo relevante su participación en el combate del 4 de mayo en Atlixco. Marchó al norte con Don Benito Juárez, quedando comisionado como gobernador de Durango. Cuando los franceses invadieron ese estado partió a Guadalupe y Calvo, en 1865 de donde paso a Chihuahua.
En las últimas batallas libradas contra el emperador Maximiliano sobresalió Antonio Carbajal realizando una brillante campaña en el Bajío y el occidente siendo uno de lo Generales chinacos más famosos. Su muerte ocurre en la ciudad de México el 13 de junio de 1872, poco antes del deceso de Benito Juárez.
[2] Galindo y Galindo, Miguel, Op. Cit. Pp. 259-260
[3] Salazar Monroy, Partes de la Batalla del 5 de mayo, Impresos López Puebla, Pue. 1959. Pp. 16-17
[4] Enciclopedia de México, entrada Puebla, México, 1977. P. inferior 473
[5] Galindo y Galindo, Miguel, Op. Cit. p. 264
[6] Meade de Angulo, Mercedes, Monografía de Apetatitlán, Centro de Estudios Municipales Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, Tlaxcala 1986. p. 77
[7] El texto citado se saco de la siguiente liga de internet http://codex.colmex.mx:8991/exlibris/aleph/a18_1/apache_media/Y6RHP8E3C7HV562FLVBX6ASMQYXMES.pdf
[8] Cuevas, Gabriel. La gloria de Atlixco 4 de mayo de 1862, H. Ayuntamiento, Atlixco, Pue. 1967.
Bibliografía
Cuevas, Gabriel. La gloria de Atlixco 4 de mayo de 1862, H. Ayuntamiento, Atlixco, Pue. 1967.
Diccionario Porrúa de historia, biografía y geografía de México, México, 1986. Vol. 2, p. 2111.
Enciclopedia de México, entrada Puebla, México, 1977. P. inferior 473
Galindo y Galindo, Miguel, La Gran Década Nacional 1857-1867, T. II Obras Fundamentales Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana/ Gobierno del Estado de Puebla. Puebla, 1987. pp. 283-290.
H. Ayuntamiento Municipal Constitucional Atlixco. Homenaje al C. General Antonio Carbajal. Atlixco, Pue. 1971.
Meade de Angulo, Mercedes, Monografía de Apetatitlán, Centro de Estudios Municipales Instituto Tlaxcalteca de la Cultura, Tlaxcala 1986. pp. 75-77
Obregón, Gonzalo, Atlixco La ciudad y sus monumentos, Instituto Nacional de Antropología e Historia. México 1981 pp. 53-63.
Palou Pérez, Pedro Ángel, 5 de mayo: 1862, Edición bilingüe. Gobierno del Estado de Puebla. México 2002 p. 34
Salazar Monroy, Partes de la Batalla del 5 de mayo, Impresos López, Puebla, Pue. 1959. Pp. 16-17
Sánchez Lamego, Miguel A. El combate en Atlixco del 4 de mayo de 1862 en revista Historia de México, COLMEX, vol. XVI num. 2 pp. 184-192 Oct.-Dic. 1966.
Fuente: Cabrera Morales, Cecilia.(2012).Batalla de 4 de mayo Atlixco. [enlace]
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